Jueves 30 de Septiembre del 2021
Bell Ville, Cba. - Argentina
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JUAN JOSÉ MORANO
Bolichero y solidario

Por David Picolomini
"Jota Jota" Morano, añora, con una lágrima por ojo, sus tardes de regreso del Jardín de Infantes de la escuela Alberdi, de Bell Ville. Adherido a su corazón y , a un pedazo de madera que se exhibe sobre el viejo mostrador de "La Vieja Chacra" -el boliche de cual es ufano propietario hace como un siglo- surge una foto en blanco y gris, donde sonríe tomado de la mano con su eterno amigo "Cacho" Iermini, a la salida , precisamente, del jardincito de la Alberdi.
Ávido, como un mocoso, se desespera por mostrarme todas y cada una de las pertenencias que cubren las paredes y la techumbre… y los zócalos y el piso… de esa especie de museo de la vida que es la pulpería de General Roca, donde pasa la mayoría de sus horas, Juan.
Colgando, se balancean pavas sin fondo, fotos sin nombre, banderas y chapas, una remera de Belgrano, un sol de noche, sin noche… Un enyesamiento del brazo de un parroquiano sanado repentinamente, un calefón a alcohol, un volante de auto, otro volante de otro auto, sillas que no hacen juego entre sí, 374 nidos de hornero vacíos, una mesa de pool y un muñeco tamaño natural de pata cruzada, que sirve para vestirlo y sacarlo a la calle, según sea el equipo que haya ganado el último clásico…
Al lado mismo de la puerta de ingreso, enclavado sobre la banca pared donde alguno pintó escudos de los clubes argentinos, estremece el ver una enorme pinza apta para descornar ganado, sobre cuya superficie se ha escrito "Uso Libre y Gratuito", a manera de amable servicio ofrecido por la casa, para la habitual concurrencia.
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-Juan… ¿Soso feliz en este lugar?
-Claro… Yo vivo a la vuelta de la esquina de mi bar… Mi vida es ese camino entre los dos sitios. Si llevo tantos años haciéndolo y sigo haciéndome de amigos, debo reconocer que ya es mi lugar en el mundo. Solo lo interrumpo cuando me voy a trabajar en la cosecha de maíz… Cuando termina la temporada, regreso y todos me esperan para que los vuelva a recibir en "La Vieja Chacra"   
-¿Cómo nació la idea del boliche?
-Cuando llegué de Bell Ville, luego de trabajar en la gastronomía, conseguí este terrenito y, al momento, me surgió la idea de edificar un bar en él… Primero fue muy pequeño, con el techo y las paredes laterales, pero, de a poco, lo fui cerrando y prolongando hasta las actuales dimensiones. Entonces, comenzó a transformarse en el lugar de encuentro ideal de los amigos de General Roca, que nunca me trataron como un foráneo, todo lo contario… Me abrieron su corazón y pronto comencé a querer al pueblo y sus instituciones como si fuera nativo de aquí… Tan así es, que llegué a ser concejal hasta hace poco… aún conservo la patente de mi auto con la inscripción.
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Juan transita las calles como un general prusiano después de haber ganado una batalla por goleada. Pero no surca los suelos sobre un brioso corcel… No, no, no… Anda caminando, como apurado para ir a ningún lado. En sus inmediaciones, lo secunda un perro de mediana estatura, medio bayo y medio amarronado… Se echa sobre un costado, dedicándome una mirada de reojo, como midiendo las circunstancias…
Lo consulto a Juan sobre la historia de ese animal, que parece gozar de la total confianza de su compañero. "Es una personalidad -me dice- digamos que es el encargado de seguridad del boliche… Siempre lo vas a ver echado ante la puerta, sobre la vereda. Como nunca cierro con llave, el vigila que nadie ingrese sin mi autorización… Acá no se acostumbra a enrejarse o a colocar alarmas; yo también me acostumbré y nunca cierro la puerta de mi bar…
¿Cómo se llama el perro?
-Se llama "Cuatrocientos"
-No lo puedo creer…
Así es… Una vez andaba "la perrera" municipal levantando los perros de la calle. Como este no tiene ningún collar, lo quisieron llevar. Claro que no se animaban a tomarlo, por lo que intentaron llamarlo por algún nombre habitual de los perros… "Bobby", "Chiquito", "Colita"… y así. De pronto apareció mi hija y lo llamó asustada… ¡"Cuatrocientos"! -le gritó y el cachorro se fue con ella… El nombre surgió apenas que me lo regalaron… Era un perrito de un mes, apenas… Era vistoso, gauchito… Entonces, un parroquiano me lo quiso comprar y me ofrecía de a 100 pesos… A medida que iba tomando más cerveza, iba aumentando la oferta. Al irse, lo alzó como para llevárselo y yo le expliqué que no lo vendería por ningún dinero… Entonces tiró su última apuesta al pagar por su consumición. "¡Te doy cuatrocientos!"... Pero no lo vendí y, ahí nomás lo bauticé…
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Un valor que tiene este enorme bellvillense de exportación, es que, un buen día, decidió hacer una fiesta para recaudar fondos para las escuelas del lugar. Recordando sus días en la Juan Bautista Alberdi, pensó en darle un nombre significativo a esa reunión que serviría para la alegría y la solidaridad… La llamó "La Fiesta del Embudo", en referencia a la situación de aquellos que llegan a General Roca y nunca más pueden salir… No lo desean… Tal la calidez de ese pueblo.
Allí, el empresario Javier Faroni, hijo del lugar, hizo reconstruir totalmente un viejo cine teatro… el "Franz"… Y lo devolvió a su gente… Todas las temporadas, el recuperado y acogedor ámbito nombrado en honor a su benefactora Luisa Franz, llegan los mejores elencos teatrales que cumplen funciones veraniegas en nuestras sierras o Mar del Plata, para presentarse ante el público de General Roca, como un ritual imperecedero.
Ahora, la Municipalidad, ha tomado para sí, el trabajo solidario y lo respalda activamente. Todo el pueblo concurre para ver la actuación de sus vecinos y para aplaudir a rabiar la música y la danza que ejecutan los amigos de Morano, ese muchachito de pelo renegrido al que confunden muchas veces con el líder de "Los Palmeras"
El bonachón sonríe y me confunde en un abrazo. Yo, como al descuido, le dejo un aporte para "esa especie de museo de la vida que es la pulpería de General Roca, donde pasa la mayoría de sus horas… Juan.

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