Jueves 2 de Diciembre del 2021
Bell Ville, Cba. - Argentina
Director: Luis A. Giletta - 25 de Mayo 175 - Tel/Fax: (03537) 416789/414580/415080 - E-mail: luisgiletta@tribunabellville.com.ar - (2550) Bell Ville
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Cuadros de Walter de Navazio y de Carlos López Álvarez
se suman a la Noche de los Museos en la provincia

  Nuestra ciudad formará parte de uno de los mayores encuentros culturales de la provincia, como "La Noche de los Museos 2021", la que convocada por la Universidad Nacional de Córdoba se cumplirá este viernes, entre las 21 y la 1 de la madrugada del sábado.
La iniciativa, a través del Programa de Universidades Populares, permitirá la participación de 20 museos de la UNC y de otros 70 invitados.
Tendrá dos modalidades:
• Espacios abiertos y externos para actividades conjuntas y presenciales por nodos de museos, organizadas según protocolos vigentes.
• Acceso a las actividades desde el sitio web www.nochede losmuseos.unc.edu.ar, en el que se encuentra incluido la totalidad del programa de actividades.
El lema para el ciclo 2021 es 'Recrear el museo en tiempos de pandemia'.
La presentación del Museo Walter de Navazio forma par-te de la conmemoración por el centenario del fallecimiento del pintor bellvillense y el correspondiente a López Álvarez, es en celebración por los 50 años de plena actividad del talentoso artista local, multipremiado a nivel nacional e internacional.

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Amor terminal

Por David Picolomini
Nunca me voy a olvidar. La conocí el mismísimo y barroso día en que inauguraron la Terminal de Ómnibus Manuel Belgrano, un 17 de agosto -en aquellos entonces, día de la ciudad.
Supe del primer escalofrío surcándome la espalda, en forma descendente, cuando nos miramos largamente entre medio de las concurrentes autoridades civiles, militares y eclesiásticas del lugar. Tenía indisimulables aparatos de ortodoncia y medias tres cuarto beiges, a las que, el elástico, se les había ausentado hacía varias temporadas.
Más temprano que tarde, los encuentros dejaron de ser tan casuales, las esquinas dejaron de ser sorpresivas y los pasillos dejaron de disimular coincidencias.
De todos modos, no fue inmediata la comunión de las almas.
Aunque Cupido y sus funcionarios habían ya realizado el trabajo correcto y los sobreentendidos surcaban con cada vez mayor evidencia el mismo cielo que respirábamos; cierto recelo varonil, cierta reticencia al impulso desmesurado y, mucho de pavor púber al terrible rebote (descalificadora circunstancia que corría como reguero de pólvora por los cinco continentes), confluyeron para que se demorara el acostumbrado... "¿Te querés arreglar conmigo?"...
Afortunadamente, todo se consumó allá por el mes de noviembre, casi en un día como hoy; cuando ella me regaló el disco "Es una Nu-be, No hay Duda" de los irremplazables Vox Dei. 
Cabe destacar que, este humilde garabateador, por esos momentos, se encontraba participando decididamente del "Club de los Baguales Orejanos", conjuntamente con mi cerrado núcleo de relaciones. El cometido común, era despreciar sistemáticamente a todo aquel que abandonara nuestras correrías para someterse a las tiránicas decisiones de la noviecita de turno.
Ni el más modesto de los asociados iría a perder la cabeza por un par de ojillos enso-ñadores y perderse un picado a muerte con los de otro barrio, o una buena tarde de río para tirarse desde la islita o flotar en cámara desde la Rinconada. ¡No señor!! 
Eso sí, cuando a Boulard se le ocurrió anunciar por las calles que daban "Melody" en el Rex, envié, de inmediato, mi renuncia al estúpido "Club de los Baguales…" y, munidos de los suficientes "Sugus", nos instalamos con ella en las últimas butacas de la función sá-bado por la noche.  
Juntos, nos identificábamos con cada disco de vinilo que programaba el "Patona" Godoy en los días de nuestra Radio Unión; "El Principito" recogía fidelidades por todo el mundo y el rock argentino ya tenía botamangas anchas. 
Y así fue que, mientras Perón era nuevamente presidente, la niña de mis sueños ya había abandonado definitivamente su metalurgia bucal y su amplia gama de modernas minifaldas me inquietaba crecientemente. Probablemente por ello, las películas del Rex, las del Cervantes o las del Coliseo, perdían coincidentemente nuestro interés, cerca de la mitad de su proyección. Pero...
Lógicamente y obedeciendo a inmodificables leyes universales que rigen los primeros amoríos -unos antes, otros después- la pérdida de interés se hizo unilateral; y yo, como buen Quisto Ladio, adopté la precaución, antes de volver a acceder a cualquier embate femenino, de fijarme, como al descuido, el estado de ajuste de las medias de la candidata.

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