Jueves 23 de Diciembre del 2021
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  • Ya se exhibe en el frente de la Municipalidad el lienzo multipremiado del artista local Carlos López Álvarez
  • Angela Rosa "Lita" Kacich: El reluciente arcón de Lita (por David Picolomini)

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Ya se exhibe en el frente de la Municipalidad el lienzo
multipremiado del artista local Carlos López Álvarez

En el marco del Festival 2021 de los Talleres Culturales y el concierto de fin de año de la Orquesta Vocacional del Reencuentro, organizada por el Área de Educación y Cultura, realizado el pasado domingo, fue presentada la magnífica obra de arte “Sueño Galáctico”, de 22 mts. de hancho por 3 mts. de alto, del varias veces premiado artista bellvillense Carlos López Álvarez.

Al respecto, el intendente Carlos Briner, mediante Decreto Nº 7.080/2021 declaró de “Interés Municipal” la extensa trayectoria artística del referido bellvillense, reconocer su casa “Museo Galáctico” y su obra “Sueño Galáctico” que se exhibe en el frente del edificio municipal.

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ANGELA ROSA "LITA" KACICH
El reluciente arcón de Lita

Por David Picolomini
Ella me espera como se espera a una hija que se fue becada a Oxford; como al cartero cantor, cerca de las navidades; como cuando se está por conocer al primer nieto o, como Olga espera a su novio, para la visita semanal, aunque no recuerde su nombre…

Filosa, categórica, pulcra, cordial y, en un tono verbal, que no reconoce altibajos; "Lita" despliega su amplio tapiz de memoria ante mi atención, como cuando solía deslizar el pesado rollo de tela, ante el legendario mostrador de la tienda que la tuvo como dependiente, durante tantos años.

………………………………………….

-Dígame "Lita"… ¿se encuentra cómoda en la "Casa de Descanso"?

-Si… Estoy muy bien atendida por las chicas que integran el personal de la casa y siempre encuentro con quien conversar, entre las otras residentes con las cuales convivo…

-¿Usted es oriunda de aquí?

-Si. Yo viví de niña sobre lo que hoy es bulevar Illia, bien al frente de la plaza Haedo. Cruzábamos la plaza y asistíamos con un hermano mayor a clases en la escuelita que existía junto a la parroquia del barrio. Aún recuerdo a algunos compañeros de aquellos años. Por ejemplo, a "Caruchín" Ibarra, con quien nos saludábamos de bien grandes, ca-da vez que nos cruzábamos.

-¿Cómo estaba compuesta su familia, además de su hermano mayor?

-Bueno… Mi madre y mi padre. Ella era empleada doméstica en la casa del recordado médico Zinny, a quien atendió durante muchos años y se hizo depositaria de gran confianza. Mi padre trabajaba junto a su padre en una importante marmolería familiar, siendo reconocido en toda la ciudad. Después, desgraciada y sorpresivamente, todo cambió para nosotros…

-¿Puede contarme eso?

-Ocurrió que, repentinamente… a mi padre dejó de resultarle interesante la vida que llevaba, de trabajador independiente y de esposo y padre de dos hijos muy chicos. Mi hermano tenía tan solo un año de vida y yo, apenas unos meses, cuando mi madre lo hizo echar de la casa y se dedicó a una vida de bohemia y guitarreadas…

-Supongo que su madre debió esforzarse el doble ante esa situación…

-Si. Ella siguió trabajando en la casa de Zinny, varios años más. Nosotros asistíamos a los últimos años de la escuela primaria y ocurrió otra circunstancia que volvió a pegar duro en nuestra familia.

Mi madre le pidió a Zinny, como compensación por tantos años de confianza, que le consiguiera un puesto de enfermera en el hospital, ya que ella, con el correr de los años, bastante había aprendido en su vínculo con el consultorio del médico… Como este se negó a recomendarla, ella decidió irse de Bell Ville para radicarse en el pueblo de su familia paterna, en General Ordóñez… Mi hermano, habiendo terminado la escuela primaria ese año, decidió acompañarla, yéndose con ella…

-Y… ¿Qué fue de usted, "Lita"?

-A mí me faltaba todavía un año, para terminan el primario, así que decidí quedarme a vivir con mi abuela y, un tío y una tía soltera.

-¿No volvió a ver a sus padres?

-Si. A mi padre lo solíamos ver -de lejos- deambular como perdido por Bell Ville… Con una barba larga y desprolija, durmiendo adonde lo agarrara la noche. Nos habían señalado quien era, pero él nunca nos reconoció… A mi madre, yo la visitaba en las vacaciones de mis épocas de estudiante en la Escuela Profesional de Mujeres… En tanto, vivía en casa de mi abuela y, como siempre me veían de la mano de mi tía, la gente creía que yo era hija suya…

-Cuénteme… ¿Cómo siguió su vida, a partir de esos cambios profundos?

-Mi abuela, dueña de una disciplina rígida, me escogió una escuela secundaria que me enseñara las labores de aquella época, como para que pudiera defenderme en la vida… Y así, al terminar esa etapa, con 18 años, recibí la visita de doña Sara Daniel de Ini, quien era la propietaria de la famosa tienda La Feria Franca y estaba probando jovencitas para tomarlas como empleadas. L a prueba era por un día y luego debía quedar al aguardo de que me volviera a llamar si había sido seleccionada… Al otro día mismo, apareció invitándome a trabajar en su tienda. Estuve ocho años allí.

-Debe haberse desempeñado, muy bien, ya que los rubros eran muy variados en esa tienda…

-Si… Desde todo tipo de telas, ropa de blanco, toallas, prendas de trabajo, de vestir, zapatos… muchas cosas había que saber ofrecer… La clientela era muy variada, llegaban de todos los pueblos de los alrededores y varias familias tenían crédito abierto allí. Los niveles sociales, allí no se distinguían; a todos los clientes los atendíamos por igual.

-¿Qué la dejó a abandonar ese trabajo, ya que doña Sara le depositaba toda su confianza?

-Me casé…

-Cuénteme…

-En casa de mi abuela, aunque yo tenía la independencia de trabajar fuera, la vigilancia suya conmigo seguía siendo estricta, hasta que un día les presenté a mi primer novio, el que era 10 años mayor que yo…

-Imagino…

-Ese impacto no fue tan fuerte, como el que sufrieron cuando les comuniqué que nos íbamos a casar en breve… Fue una lucha dura, pero al final vencimos y nos casamos… Mi marido era camionero, transportaba todo tipo de mercaderías, sobre todo cereales de la zona, a gran parte del país. Yo me quedaba sola en nuestra casa de calle Mitre, hasta que llegaron, de a poco, nuestros dos hijos varones.

-El tiempo fue transcurriendo…

-Sí, claro. Mi esposo, ya no viajaba tan a menudo, siempre aparecía alguna crisis que golpeaba la economía familiar, mis hijos iban teniendo mayores necesidades y, yo opté por acudir a esa noble mujer que tan bien me había tratado años atrás, para ver si podía volver a trabajar en su tienda, adonde también trabajaban sus mellizos Gabriel y Daniel.

Por supuesto que logré su aceptación, aunque a su ne-gocio también lo castigaba duro la situación económica… Abrió un local de saldos y solo nos ocupaba a Victoria Me-nara y a mí… Estuve otros ocho años más en la tienda y, ese sueldito, lo recibíamos en nuestro hogar como una bendición del cielo…

-¿Qué recuerda de esa vida de familia propia, usted que no tenía de niña, una imagen paterna/materna similar?

-Mi marido fue una persona muy trabajadora. Un excelente compañero durante 40 años, con todos los altibajos de cualquier pareja, pero supimos llevar adelante nuestra familia y creo que educamos bien a nuestros dos hijos, quienes hoy recuerdan permanentemente a su padre fallecido con pleno cariño. Pudimos, con esfuerzo, hacerlos estudiar, viéndolos crecer en su barrio, bien en frente de la canchita de River Plate, cuando la vida de pueblo, no ofrecía tantos riesgos…

-Hoy, en este hogar, tan concurrido, con asistentes que vienen y que van, atendiendo a las abuelas… ¿Cómo ve la vida?

-Yo estoy bien… Con los achaque propios de la edad, pero, miro hacia atrás y me doy por conforme. Creo haber llevado una buena vida, con ese hombre que me acompañó tanto y mis hijos, nietos y nueras, que me visitan y me agasajan…

Solo me está preocupando algo, en estos últimos meses…

-¿Qué será, "Lita"?

-Que Olga, compañera de vivienda… esa mujer tan hermosa, la que parece más hermosa aun, cuando intuye que es el día en que su novio le hace la visita semanal... No retiene el nombre de su enamorado y, a veces, no recuerda el rostro…

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