Jueves 13 de Enero del 2022
Bell Ville, Cba. - Argentina
Director: Luis A. Giletta - 25 de Mayo 175 - Tel/Fax: (03537) 416789/414580/415080 - E-mail: luisgiletta@tribunabellville.com.ar - (2550) Bell Ville
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Otra noche mágica de arte bajo las estrellas en
el Museo Galáctico de Carlos López Álvarez

  Debido al gran interés que despertó la primera edición en la Noche de los Museos, la ciudad convocó a los vecinos a participar de otro ciclo de música, arte y danza bajo las estrellas en la Casa Museo Galáctico de calle Echeverría 506, barrio Campos del Oeste, del prestigioso artista local Carlos López Álvarez.
En la oportunidad, estuvo el intendente Carlos Briner, acompañado por el encargado de Educación y Cultura, Gustavo Calzolari.
Entre los atractivos de la noche se destacó la extraordinaria participación de Julia Bondone, con su danza contemporánea, cautivando al público presente.
Así la talentosa bellvillense, radicada en Bélgica, se reencontró con aquellos que se alegraron por su gran crecimiento profesional, en el marco de sus vacaciones en nuestra ciudad y luego de haber participado con su arte, por más de dos años en destacados escenarios europeos.
Su danza vívida estuvo sostenida por la conmovedora interpretación musical que le brindaron los virtuosos músicosbellvillenses, Pablo Fenoglio (trombón), Ezequiel González (voz y teclados) y Matías Donetto (guitarra).
Los artistas destacaron la trascendencia del encuentro y celebraron junto a Carlos López Álvarez sus 50 años ininterrumpidos de creación artística y solidaria participación social.
En el cierre de la velada artística, Fenoglio (solista de trombón en la Orquesta Estable del Teatro Colón) interpretó un tema de su propia autoría junto al dúo González-Donetto, quienes con la "Zamba de Argamonte" anunciaron la participación de su concierto "Compartir" en el ciclo Cultura en el Patio de la Agencia Córdoba Cultura.
Vale destacar sobre este evento, que se desarrolló con un repertorio de autores referentes y que de algún modo han generado nuevas formas de pensar y sentir la música, la que, como un todo abstracto hecho de vibración, atraviesa el cuerpo y modifica la forma en la que se siente el mundo que nos rodea.

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Las vacaciones en Aquarama


Por David Picolomini
Dijo bien clarito el ministro de Educación..."las vacaciones empiezan el seis de diciembre del año en curso después que la señorita Matilde le haya propinado el beso solidario en la frente a los eternos repitientes y después que les haya acariciado las alas a los que vuelan, tras ser promovidos al grado inmediatamente superior" dijo, el ministro.
Una vez cumplido todo eso, ahí recién vienen empezando las anheladas vacaciones.
Por la mañana -por lo menos en los sesenta-setenta, se despertaba bastante más tarde, y por la tarde, no se le daba descanso al río.
Ese río, ese "arroshito", tenía la islita, tenía "el Palco", "el Hongo" con la Coca flaquita, la galletita Criollita con picadillo y el toallón con las rosas chinas estampadas (adquirido en una oferta de Los Vascos) preparado para cuando se salía de las aguas de color alazán.
Antes que llegara la tardecita, comenzaba el éxodo bellvillense: que la lona, que la reposera, que la canasta con el termo, que la pelota inflable, que la nona y el flotador de telgopor... todo se juntaba a los apurones porque había que levantar campamento si se quería estar a horario para la noche.
Pasaba que, a la noche, había que volver al río porque comenzaba Aquarama y se trataba de conseguir un buen lugar en la barranca, como para ver tranquilos toda la programación.
En el trajinar a contra reloj, los niños llegaban a la puerta donde se vendían las entradas, chorreando agua del pelo recién cortado en lo de Carioca. Las madres/abuelas/tías o babysisters, se encargaban de acopiar sacos, camperitas, paraguas, espirales para los mosquitos, termo, mate, palmeritas de lo Conti, papel higiénico, una estampita de Santa Bárbara para las tormentas eléctricas y cigarrillos balsámicos para cuando se le cerrara a alguien el pecho por las corridas, cuando venía viento fuerte. Una auténtica mudanza.
Pasando los buffet armados de apuro contra algún tala caprichoso, cruzando las luces de mil lamparitas de colores del entorno del Hongo, se procedía a descender escalinatas hasta encontrar algo más o menos adecuado para chusmear para el lado del escenario.
El proscenio o tablado, podría estar en medio del agua o depositado en las paredes del otro lado del río. La idea era ver de identificar a cada uno de los vecinos del lugar, dando rienda suelta a una vocación que le era absolutamente desconocida para su propia barriada.
Salvo los consagrados...
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Los consagrados en los finales de la década del '60, eran pocos pero...consagrados!
"¡Fuerte el aplauso para recibir a este cantor que lleva la presencia del folklore más allá de donde llegan las palabras!"-decía, voz en cuello, Armando Medina Coba, revoleando la mano en la cual siempre sujetaba abundantes papeles, dando la impresión de ser más un perito en algo, que un maestro de ceremonias. "¡Con ustedes, Oscar Alberto "Pulguín" Gallardo!". Y, el "Pulguita", arremetía con un taquirari y "Muchachita de Bell Ville"...
En realidad, ante unos ojos bien jóvenes, no cabía el asombro ante tanta algarabía, tanto fervor desplegado al viento y tanto entusiasmo por el bardo de la figura envuelta en atuendos gauchos.
Los bises se repetían, se encimaban y la adrenalina del intérprete ascendía hasta el trance... Solo la atenta intervención del locutor-árbitro del espectáculo, podía poner paños tibios a semejante comunión entre artista y público. "¡Asíiiiiipasóoooo! Un hijooo de Bell Villllllll...!!!!" -sensato interfería Medina.
De inmediato, como respondiendo a la batuta de una ensayada orquesta, aparecían los speakers, con la mayor de las sonrisas, refiriéndose a las bondades que poseían los vinos tinto, blanco y clarete de la marca "Migonz"...¡Y, ni que hablar del moscato "La Yerra"!!
"¡GraaaaaciasYeya, graaaaaciasJorgeeee!"-pronunciaba el calificado conductor, antes de dar paso a la siguiente luminaria.
"Amigosssss, llega ahora la canción en la voz de este entrañable juglar... ¡Con ustedesnnnn! ¡Pablo del Luján, el romancero cantorrrrr!" -y subía saludando con la guitarra en la zurdita, el legendario "Pelado" Piermarini.
Ahí nomás atacaba Juan Carlos con "Un granito de sal", seguía con "Malagueña", remataba con "Allá en la Balandra" y dejaba para los bises alguna que otra zambita con olor a florecillas silvestres, muy fiel a su estilo.
A esas alturas del romántico desempeño, varias chiquilinas en edad de ser admiradas, hacían la plancha sobre el reflejo del Tercero, apacible solo para esas memorables cir-cunstancias.
Con la multitud absolutamente entregada en abierta adhesión a los diferentes atractivos que ofrecía la velada, ya fueran esto los decires y cantares de los artistas o bien a la amplia gama de agraciadas damiselas que, con cautela, aguardaban pacientes el comienzo del rutilante "Baile Espacial", el que tenía lugar entrada la madrugada, bien al ladito de la "Alfombra Mágica", la que, como corresponde a toda alfombra que se precie de ser mágica... voló, sin dejar indicios de su nuevo destino.
La inmortal "Yeya" Castaño y el interminable Jorge Boulard hacían de las suyas con las recomendaciones, con tal énfasis que, hasta hacían arrancar aplausos de la concurrencia cómplice.
"Rolland y Rollandito, los caballeros del buen vestir..."u, "Óptica Fotográfica, todo en fotografía, electrodomésticos y la música que más te gusta..." y "Recordamos que en el sector de cantinas, ya se encuentran a la venta ¡los riquísimos choripannn!"
Cuando Medina daba paso al desfile veneciano, consistente en una larga fila de embarcaciones de toda especie y calado, ornamentados como para engalanar el Missisi-pi; la nenada ya tenía medio cuerpo sumergido en las frías, pero amables aguas, del río amigo.
Sucedía que, sobre las naves, venían saludando las princesas que alguna vez serían reinas de Aquarama. Iban; la Marilyn Roth, la Alicia Sontag, la Graciela Audisio, la Graciela Suárez y todas las otras sirenas que, aún hoy, deben mostrar henchidas de orgullo, aquellas sepias instantáneas a su descendencia. 
Los homenajes continuaban en emotivos rituales acuáticos "...con un lazo de retama en la noche de Aquarama, te ha coronado Bell Villlll...!" y del otro lado "¡Viva Medina...y mi Argentina!"-aullaba uno de los beodos reglamentarios.
La noche estaba a pedir de boca. Las palmas ya atronaban el curso del río de llanura, desde las barrancas aledañas se devolvía el aplauso y el alarido ante el anuncio inequívoco del irreprochable mentor de la entrañable festividad.
"¡...Ricardo, Richard Sáaaanchez !
Ahí, justo ahí, se daba por bien pagada la entrada al espectáculo. Agradecían los mayores, agradecían los menores y agradecían los colados...Sobre el escenario estaba Richard con su guitarra en una mano y su corazón en la otra. Embestía con su eterno tributo al "Chango" Rodríguez y el ofrendado se pegaba un viraje por el "Paso de la Arena". Cuando decía la penuria de la "Luna Cautiva", las señoras mayores rezaban un rosario sobre la arena para que lo largaran de la cana al pobre autor. Cuando encaraba la "Zamba de Alberdi", se prendían y apagaban las luces de los balcones de "la pasarela". Cuando entonaba "de Simoca", parecían flotar sobre las oscuras aguas las legendarias carretas cañeras y, cuando cantaba "La Patrulla", el jolgorio era irreproducible.
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Los menores adeptos a la celebración popular nunca alcanzaban a considerar los vaivenes de los danzarines de las olas, cuando las orquestas "beat" o "características" convidaban al meneo.
De una oreja, para los más remolones y, uno por uno, iban desalojando las inmediaciones los más chicos, apurados por sus mayores desde las cercanías. Los mozuelos, en ese preciso instante, se juramentaban con la lágrima a flor de ojo de los que se niegan al mandato paternal que, apenas les compraran los largos en la Casa Rosa, se irían solos para el lado de Aquarama, en las próximas vacaciones.

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