Jueves 17 de Marzo del 2022
Bell Ville, Cba. - Argentina
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ASOC.IACION CULTURAL GUEMESIANA

Las destrezas de Güemes

Entre las cosas comunes que trataba de experimentar el Gral. Güemes, era salir a recorrer con su familia la campiña cercana a Salta capital. Cuando apaciguaba un poco los combates por la Libertad, sabía salir de a caballo con su madre, como así también su hermana y su señora esposa, conversaban en el camino sobre la vida y los avatares del momento crucial en que vivían.
Tenía gran estima a dos animalitos que siempre lo transportaban y eran sus caballos el Tordo y el Gateado, con ellos libraba las batallas contra los españoles, pero también realizaba paseos con su familia. Por ejemplo, el más apto para esto era el Gateado, al cual colocaba un guardamonte de paseo y salía a recorrer los alrededores de la ciudad. Mientras que el Tordo era más veloz y combativo, por lo que lo utilizaba en sus incursiones contra los invasores, con él sabía realizar grandes destrezas ecuestres, como saltos asombrosos.
En una ocasión y a pedido de unas personas que no creían en la fama de su gallardo jinete ni la de su corcel, le increparon una apuesta para comprobar la veracidad de su versatilidad en el manejo del animal. Güemes tomó en cuenta ese reto, saltó sobre el puñado de jóvenes, quienes quedaron boquiabiertos ante la sorprendente habilidad y pericia. La misma que utilizar el héroe cuando debió saltar y sobrepasar al enemigo en la infausta noche de su traición, cuando avanzado con su corcel este brinco a los sol-dados realistas que le cortaban la calle, allí en esa circunstancia fue herido de muerte el mártir de la americanidad el Gral. Güemes.
(Fragmento del Libro: Relatos Güemesianos de Juan Oscar Wayar)

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ARMANDO TABOADELLA
¡Me dijiste!


Por David Picolomini
Al club Social y Deportivo San Vicente, antes, no le hacía falta techo. Siempre se acostumbraba relojear las tres marías para saber cuántos segundos les restaban a los partidos… Los globetrotters barriales, casi todos de la misma familia, jugaban un básquet del mejor, justo al frente del primer conglomerado de propiedad horizontal de la localidad al que, curiosamente, nunca inauguró autoridad competente alguna y ni siquiera se le otorgó nombre que homenajeara a políticos de turno. Aún hoy, cada vez que se ordena una visita guiada de nutridos contingentes exógenos, para consignar a donde vivía el "Pelado" Taboadela… se menciona… "En el monoblock", y punto.
Las chicas que daban la vuelta del perro por los alrededores de la plaza Rubén Márquez, deslumbraban, con sus plataformas y sus maxifaldas, al churrero, al afilador y al tipo que te aseguraba que te recuperaba los colchones.
En serio, el  colchonero profesional, hoy desaparecido por culpa de no tener mail, ni celular, ni página web; llegaba hasta tu casa, tocaba el llamador, el aldabón de manito o el león con la boca de timbre; te desarmaba la baqueteada cucha, te zarandeaba con un mecanismo vaivén la vieja lana de las nobles ovejas argentinas (nada de resorte o sintético taiwanés) y te quedaba un lifting de aquellos, en el querido pocito que uno le había acostumbrado al silencioso compañero de aventuras, aquel colchón de rayado cotín.
En tanto, en el barrio de referencia, el San Vicente bellvillense, el de contornos y límites imprecisos, se palpaba de pergaminos al que quería radicarse en él. Si no habías estado… así… de haber logrado un campeonato a la bolsa, más vale que te intentaras acomodar con tu prole en otro pago lejano, porque la verdad, paisano, que no te iban a dejar quedar.
San Vicente tuvo laya, cuento, prosapia y aventureros. El mejor amargo serrano servido de la zona y, más que arrimadores, valerosos en la chanta...
Evidentemente, su honor, partido en dos exactas mitades de su cuerpo como lo indica claramente el fervor de su divisa; esa blanca blancura ensangrentada en el medio, reconoce profusa historia. Bochas y Básquet, dos partes del mismo San Vicente. Ese honor, está a buen resguardo.
Se hablaba de dribbling, dobles y triples, de memoria.
Pialo Palacios, Pino Rochaix, Carlos González, BombolitoCollura, Cornetón González…el "Pelado", el interminable Juan, Santito y... ¡DáleTotóla! ¡...La pucha que estuvo cerca...!
…………………………………….
Allí mismo, Pedro Solari, ya me lo había anticipado cuando se vino del sudeste gringo para meterse en la yugular de la Sargento Cabral -mientras sonreía por toda la promoción setenta del primario del Normal- "Llegué para que me recuerden", y no le erró, ni en un simple.
Pero, de todas las vitrinas biseladas (tantas que ya impiden que se tire una bola corrida en algún paño de la sede); la más visitada por los contingentes turísticos arribados de remotas poblaciones, culturas y galaxias, es la que contiene los logros del mentado Pelado, el que vivía enfrente.
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Papel y lápiz... anotá…
Le tirabas, de sorpresa, una naranja amarga -las de adorno de la plaza- y te hacía, ahí nomás, un 6-0, 6-0; con una carpeta anillada del Comercial nocturno.
Le ponían una camiseta "Dalemás", las de pi-qué, las que picaban, en algún futbolístico entrevero barrial y se lo llevaba Instituto, como al "Mario".
Dormía la pesada naranja sobre los mosaicos "Licari" -que hoy están debajo del parquet y que dan a la Deán Funes- y se las mandaba de caño a los contrarios. Se hamacaba delante de sus narices y la volcaba justo para saludar a su abuela que lo vigilaba desde el balcón, para que no se le escapara para el lado del centro.
En las UBES, antes que lo reclamara Atenas como patrimonio de Riofrío, siempre estaba en las finales con "la verde" de la calle Entre Ríos. Resultaba largamente sospechoso que asistiera tanto público a los partidos. Gente que ni siquiera había visitado un establecimiento secundario en su vida. Señoras con sus hijas, varones con sus niños, abuelos con sus perros, hasta los curas del San José y las monjas del Cristo Rey (que eran del barrio).
Era un show, el sólo, el junigransiete. Los mismos profesores, los "Testa-Martín-Aramburo" de aquel entonces, le rogaban que desaprobara en marzo, para poder verlo un año más en competencia.
-Mire Armando, no le podemos poner el 9 en Merceología y el 8 en Instrucción Cívica, porque si usted termina el secundario, nos van a dividir la escuela, y nos van a meter otra a la mañana y otra a la noche...
-Y bueno... ¿De quién es el problema?... Son ciclos que se van cumpliendo...
Así se despachaba, caradura, el melómano que requería, show, tras show, que le fuera entregado "La Chica de la Boutique", en franco homenaje.
…………………………….............
Esos vertiginosos, inolvidables y tremendos ciclos; van concluyendo… es incontrastable verdad, en atento mandato de la vida misma… Pero tiene la maravillosa reacción -la memoria amontonada de los pueblos- de revivir, con los mejores matices habidos y por haber, cada instante que dio motivo imperecedero a la identidad definitiva de las aldeas...
Ahora que me acuerdo, no me puedo olvidar… de mencionarles a mis inquietos descendientes de ojos preguntones, las irreverentes leyendas de un pueblo tricentenario, entre las cuales, seguramente, descollarán, las andanzas nunca editadas de Armando, el Pelado, Taboadela…      
Si lo ves pasar, sacale el sombrero.

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Continúa el ciclo
"Laten Latinas"

  El Cineclub Coliseo reinició sus proyecciones semanales los días jueves, a las 21, en La Tertulia del Teatro Coliseo, con un ciclo denominado "Laten Latinas", dedicado a las producciones de mujeres latinoamericanas, en el marco en la conmemoración del 8 de marzo.
Hoy es el turno de la película "Las Malcogidas", con dirección de Denisse Arancibia Flores, Bolivia (2017). Se trata de una ácida comedia musical que retrata la historia de una mujer de treinta años en busca de su primer orgasmo. En paralelo, se esfuerza para bajar de peso y complacer a su abuela, mientras intenta ganar el dinero que necesita su hermano para una operación de cambio de sexo".
El cierre del ciclo será el jueves 31 de marzo con "Julia y el zorro" de Inés María Barrionuevo, de Argentina (2018). "Julia, una ex bailarina de 40 años y su pequeña hija de 12, Malena, se aíslan en una casa de campo de las sierras de Córdoba. Trata de superar el duelo de su marido y padre de su hija. Los días pasan sombríos hasta que Julia conoce a Gaspar, un joven bailarín de 20 años que la anima a presentarse a un concurso de baile en la peña del pueblo".
Todas las proyecciones son con entrada libre y contribución voluntaria, ingresando por el hall del teatro.

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