Jueves 31 de Marzo del 2022
Bell Ville, Cba. - Argentina
Director: Luis A. Giletta - 25 de Mayo 175 - Tel/Fax: (03537) 416789/414580/415080 - E-mail: luisgiletta@tribunabellville.com.ar - (2550) Bell Ville
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"Estamos muy contentos por ver la Banda Municipal
de Música llena de niños que es el objetivo"

  El nuevo director de la Escuela de Música y Banda Infantil Municipal "Ernesto Alfonso Bianchi", Prof. Leonardo José Borgiani, dijo que tanto directivos como docentes de la institución, "estamos muy contentos por ver a la Banda llena de niños, que es el objetivo principal del establecimiento educativo".
Agregó que "las inscripciones permanecen abiertas, porque la idea es que se acerque cada vez más gente. Ya superamos los 40 inscriptos, cifra que nos pone muy felices y ya hemos comenzado con algunos ensayos".
Para Borgiani, con los planes de estudio en vigencia se pretende el otorgamiento de títulos compensatorios con Conservatorios de Música.
Invitó a sumarse a gente nueva y aquellos que han participado de la Banda, a fin de conocer lo que se está haciendo en la institución.
Aseguró que la Banda de Música continuará con sus presentaciones públicas, tal como lo hizo a lo largo de muchísimos años. "Me enorgullezco de haber participado en su momento, por lo que aseguro que eso no va a cambiar", agregó.
Con respecto a los rumores circulantes que tratan de confundir el objetivo de la institución, dijo: "me entristecen mucho los comentarios carentes de veracidad, causando sufrimiento principalmente en los niños que no quieren volver a la Banda, precisamente por esas falsas afirmaciones".
Destacó que la Banda sigue siendo gratuita y cuenta con un amplio horario de 8 a 21.
Sostuvo además que quienes concurren, se los nota con entusiasmo y un gran deseo de aprender, manteniendo una excelente relación con los profesores.

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En la ciudad de la historia:
La vida es una tómbola


Por David Picolomini
"¡Atención, número...! El 90... ¡El abuelito!"
"Seguimos en busca del cuaterno... ¡Atención… número...!"
…………………………………….
En algunos momentos, las tómbolas organizadas a beneficio de las instituciones del medio, convocaban a tanta gente en Bell Ville, que resultaba casi inapropiado efectuar los sorteos en lugares cerrados. Lo ideal, entonces, era constituir los estrados en los accesos al Palacio Municipal local, otorgándole a los encuentros un llamativo colorido símil democrático, atendiendo especialmente a que, las mayores reuniones en honor al azar, se llevaban a cabo en las frías y recurrentes temporadas de los gobiernos de facto ar-gentinos.
La familia completa asistía desesperada -inducida por vaya a saber que impulso lúdico en común- por encontrar algún cadete vendedor de las boletas reglamentarias que habilitaran, al feliz propietario, la posibilidad de ser el blanco de las cargadas, de las pullas, de las insanas envidias y las públicas maldiciones; cuando se dirigía enarbolando su tachonado formulario, a disponerlo a la consideración de algún bombero, un enfermero, una docente, un padre de la cooperadora, un monaguillo y a los infalibles escribanos Álvarez, Matterson o Figueroa.
Una boleta, tenía la menor de doce años… cuatro, poseía y supervisaba -prolijamente encolumnadas sobre un cartón provisto de ajusta papeles-, la señora de la casa. Dos le habían encajado a la pobre abuela/ suegra/ madre, que, encima, se había olvidado los lentes de cerca, pero no decía ni, mú, para evitar la reprimenda.
El marido, padre, capitalista y colaborador social, tenía tres, que desatendía sistemáticamente, por dedicar sus simpatías, en andar saludando aparatosamente a todo conocido o pariente, al que seguramente había cruzado, sin tanta pompa y protocolo, seis horas antes del multitudinario evento, autorizado por el mismísimo jefe de la Comisaría local a regañadientes…
Los más chicos, se dedicaban en esas festividades populares, a berrinchear por todo lo que se pudiera ofrecer para adquirir; sea esto: pelotitas rayadas con un globo adentro y un gomín que se cortaba apenas le daban a uno el vuelto. Praliné, con excedente de azúcar y precio al consumidor; nieve loca -algo que nunca pasa de temporada- gaseosas con pajita o con sorbete; entre tantos etcéteras, como ofertas se hubieran constituido en las inmediaciones de la plaza 25 de Mayo, la que le hace honor a San Martín.
Lo único que no podía modificarse, por nada del mundo, era, de manera especial, la conducción y locución de Jorge Boulard, el spiker reglamentario para que, cada tómbola, fuera realmente una verdadera tómbola, que tanto!
"¡El 44, la jaula!; ¡El 17, la desgracia!; ¡El 5, el gato!; ¡El 6, el perro!... ¡Parece que tenemos un ganador, un feliz poseedor de la boleta ganadora de la quintina!" -se desgañitaba J.B.
El aparatoso tránsito de la persona supuestamente favorecida, rumbo hacia la mesa de control-de-tarrudos, era saludado abiertamente con una salva de pullas y epítetos referidos a los motivos reales por los que, esa persona, totalmente desconocida para la mayoría envidiosa y jadeante, era bendecida por tanto éxito.
A veces, las blasfemias conjuradas rendían su gozoso fruto... "Bien, podría tratarse de una falsa alarma… En realidad nos avisa el escribano, que existen errores observados en el contralor de los formularios...!". Espontáneamente, todo el mundo aplaudía y redoblaba sus condenas al apurado exganador.
De vez en cuando, algún policía de servicio, requisaba ocularmente a la entretenida audiencia, en procura de dar con terroristas listos para dar el zarpazo entre la multitud.   De vez en cuando, también, a virtuosa esposa-madre de familia, le devolvía generosa una sonrisa al cartero de veinte metros adelante.
De vez en cuando, un dieciséisañero atento, se ofrecía desinteresado para controlar alguna de las boletas que le habían tocado en suerte familiar a una rubiecita de dos cursos debajo del Comercial diurno. La jovenzuela sonreía, extendía al solidario uno de los comprobantes, plegado hasta la mínima expresión, y acompañaba su gesto amable, con una birome de las "Sylvapen", esas que escriben hasta boca arriba.
Sin intervenir demasiado en el devenir de los acontecimientos, los "mellizos Castillo", hartos de haber llamado "tío", a todo varón disponible en las adyacencias, se desparramaban sobre uno de los bancos que dan a la glorieta sur-sudoeste de la plaza más céntrica del poblado y empinabanséuna 970 centímetros cúbicos, de un clarete abocado de lo de "Vival".
Una parienta cercana de la moza que permitía que le dedicaran un breve poema con su propia lapicera, ya le había hecho señas a la agasajada de desistir de su incipiente idilio, por encontrarse el festejante en falta de méritos.
Por el costado de una bocina parlante de Boulard, se alcanzaba a escuchar lánguidamente... "¡Vamos en búsqueda de la tómbola consuelo...!"
Si es que, a esa hora… se hubiera podido encontrar consuelo...

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